Leer para conocer, conocer para entender, entender para razonar, razonar para concluir, concluir para ver, ver para creer y creer para dejar saber... Entre lo sacro y lo mundano andamos caminando pequeñas piezas de un engranaje perfecto, soñando con un cielo clavados en este suelo porque es más sencillo esperar que levantar vuelo, es más sencillo reclamar que simplemente actuar, es hora de hacer lo que tanto añoramos (algunos) "EL BIEN", es hora de escuchar, de dar, de sembrar; y no sería mala idea empezar con un tentempié para el espíritu: "Lo que entra en la boca no contamina al hombre; si no lo que sale de la boca, esto contamina al hombre... lo que sale de la boca viene del corazón" Mat.15:10-18

sábado, 3 de septiembre de 2011

Sobre el perdón y perdonar.

Estaba sentada leyendo y meditando un poco sobre varias reflexiones del perdón y perdonar, recordé en estas lectura una frase de el "Padre Nuestro “que dice así:
"... Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden."

Debo confesar que Dios me dio una cachetada espiritual con esto y sentí como si me diera cuenta de algo sumamente obvio para muchos incluso para mi, pero que no había concientizado, porque el secreto de la vida esta, mis estimados amigos, no en entenderla racionalmente ni comprender el sentido de las normas, leyes, principios del bien y del mal, si no de concientizarlos, al final la vida es un ejercicio práctico, no teórico.

Mi revelación, por así decirlo fue simple: Muchos pedimos perdón por algún error en particular o muchos errores, en el momento nos sentimos realmente avergonzados, los entendemos y asumimos llegamos al arduo ejercicio de pedir perdón, incluso lo logramos, pero... ¿Qué pasa después de eso? He visto que simplemente pasa lo mismo, repetimos el error o errores, seguimos haciendo lo mismo pero tal vez de diferentes maneras, realmente no encontramos ninguna liberación en el ejercicio del perdón. ES OBVIO QUE NO LA VAMOS A ENCONTRAR Y QUE LA VAMOS A SEGUIR PONIENDO, pues, de nada sirve pedir perdón, si no existe el ARREPENTIMIENTO Y LA VERGUENZA HACIA UNO MISMO DELANTE DEL ERROR. A veces pedimos perdón simplemente porque sabemos hicimos algo mal, a veces pedimos perdón nada más para quedar bien socialmente o delante de alguien, más no pedimos perdón porque realmente estemos arrepentidos 100% y porque entendamos la magnitud del error no solo delante de la persona agraviada si es que supone a una persona, si no lo más delicado, delante de Dios. Pedimos perdón por mentir, pero seguimos mintiendo, pedimos perdón por miles de cosas y las seguimos haciendo, ¿es que acaso el perdón es un salvoconducto inagotable que justifica cualquier estupidez? El asunto no es que nos volvamos santos y no cometer errores, el asunto es hasta que punto actuamos irresponsablemente con este asunto, como si fuera más una costumbre y no algo que realmente nos podría resultar liberador. Pedimos perdón pero se nos hace imposible perdonar, decimos que perdonamos y no olvidamos. Hay una canción de Celia Cruz (y me disculpan la acotación los más ortodoxos que puedan estar leyéndome) que dice:
“ESO ES EL PERDON, RECORDAR SIN DOLOR”...Yo le agregaría también la palabra rencor.
Existe la falsa creencia que pidiendo perdón se nos va a limpiar la conciencia, ¿qué sentido tiene pedirle mil cosas a Dios cuando tenemos la lengua envenenada hacia las personas que están en nuestro entorno, que hasta son nuestros amigos?
Yo hago un simple planteamiento:
Un buen padre que ama a su hijo, le perdona todo, siempre lo ama, incluso cuando un hijo no es el mejor de todos, sin embargo sosteniendo el hecho que sea un buen padre, si bien no dejará de amar a su hijo sea lo que sea, si el hijo no muestra un arrepentimiento sincero, el padre no puede ceder ante sus peticiones, es imposible, si no sería un consentimiento ante sus conductas erróneas. Igual somos nosotros, fíjense, cuando alguien nos pide disculpas o perdón por algún daño, y decidimos perdonarlo, de una sola vez no le damos un voto de confianza, ¿o si?, siempre esperamos que la persona realmente demuestre su cambio, SU ARREPENTIMIENTO, su interés en mejorar, de esa manera vamos cediendo y la relación puede mejorar si nosotros por nuestra parte sabemos perdonar también. No tiene sentido si alguien quiere dejar el pasado atrás y se ha arrepentido que nosotros estemos con ese rencor y ese dolor recordándole lo que nos ha hecho, a veces a los que nos corresponde perdonar creemos haberlo hecho por el simple detalle de haber dicho: TE PERDONO, y no es así, perdonar supone un cambio de actitud de parte del agraviado, un dejar ir, sobre todo cuando la contra parte ha demostrado y pedido perdón, y si no lo hace también. Perdonar y ser perdonado no es tan fácil como suena, es un acto de perseverancia, que no tiene que ver con amor, ni con sentimientos, tiene que ver pura y directamente con perseverancia, mansedumbre y sensatez.

En esa frase del padre nuestro, nuestro Maestro Jesús nos dice una cosa muy fuerte, lastimosamente oramos esta frase de una manera tan ligera y vacía. Teniendo ahí la clave para resolver muchísimas cosas en nuestra vida en general. Lo que me ha dicho esta frase es:
Dame tu ejemplo de como debo perdonarte... Perdona a quienes te han ofendido... Y de esa manera serás perdonada.

No es que Dios nos este negociando el perdón, en lo absoluto, es que es una Ley de vida, no puedo cosechar lo que no he sembrado. No puedo pedirle al mundo, lo que yo jamás le he dado.

Cuando decimos: PERDONA NUESTRAS OFENSAS ASI COMO NOSOTROS PERDONAMOS A QUIEN NOS OFENDE...

Lo primero que se debe hacer es perdonar para luego ser perdonado, y tener el derecho de ser liberado de mis errores, ante mis hermanos en principio, y luego ante Dios. Para muchos siempre será más sencillo lidiar con los rencores, dolores, decepciones, pues ellos tienen la particularidad de desgastarnos pero al mismo tiempo de hacernos sentir más duros y fuertes con su presencia, incluso cómodos, ese es su espejismo. Pero eventualmente, como todo engaño, terminan largándose dejándonos solos y desarmados. En ese momento las rodillas tienen memoria y buscan a Dios.

Saludos.
Iv Molina

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